miércoles, 27 de enero de 2010

Entrevista de trabajo. Tercera parte: El asesor.

Me gustó observar como Tais se quitaba la chaqueta delante de mí, sin mirarme, despacio, evidentemente nerviosa. Yo me recosté en mi sillón admirando lo bien que habia sabido elegir aquella camisa e intentando moderar mi impaciencia por contemplar el sujetador que escondía a duras penas. Se sentó de nuevo y empezó a hablar de su experiencia profesional. Yo no hacia ningún esfuerzo por escuchar lo que decía, me limitaba a mirarla, a los ojos, anticipando cada minuto de lo que sucedería.
Pasados unos minutos sonaron unos golpes en la puerta para anunciar la entrada de Alejandro. Perdone Don Horacio. Pase, pase. Tais me explicaba su experiencia profesional anterior. Alejandro se sentó detrás de Tais en un pequeño sofá que quedaba al fondo del despacho. Cuando ella terminó de hablar le indiqué que se sentara junto a Alejandro.
“Él es mi mejor asesor de recursos humanos y una persona de entera confianza. Me gustaría que charlarais un rato para que pueda evaluarte. Por favor trátalo en todos los aspectos como si de mi se tratara.”

La petición lejos de ser amable no dejaba resquicio a la duda. Ella debía ponerse en sus manos para su evaluación.Alejandro tomó sus manos una vez estuvo sentada a su lado en el pequeño sofá.
“Tais, el Sr. Horacio es una persona muy especial. Necesita a su lado a alguien también especial. Me gustaría hacerte ciertas preguntas de carácter personal. Debo saber hasta que punto cumples los requisitos. ¿Lo entiendes verdad?”

Su si sonó apagado pero suficientemente convincente.
“Bien, dime, ¿Cómo imaginas la vida cotidiana del Sr. Horacio y en que piensas que puedes servirle en ese sentido?”

Poco a poco el lenguaje corporal de Alejandro fue sobrepasando la barrera de lo cordial y acercándose a lo íntimo. Primero colocando una mano sobre su hombro, sin dejar de tomarle sus manos con la otra. Mientras Tais iba explicando que me imaginaba como un hombre muy ocupado, que pensaba que tendría que estar siempre disponible para atender mi teléfono, para ocuparse de todo y permitir mi tiempo de descanso, para planificar las citas privadas. En ese punto Alejandro ya acariciaba su nuca y se mantenía muy cerca de ella. Alejandro era un tipo de unos 30 años, con un físico grande y perfectamente proporcionado, muy atractivo aunque con rasgos duros. La interrumpió para explicar que seguramente ella imaginaria que yo no tenia demasiado tiempo para las relaciones personales y que, por lo tanto, también debía de ser extremadamente discreta y comprensiva acerca de las citas y ocasiones en las que yo planificaba encuentros “íntimos”. Asintió con la cabeza mientras mi asesor continuaba. De hecho Horacio necesita que la persona que le asiste pueda incluso llegar a cubrir parte de esas necesidades intimas que, por razones de tiempo, no siempre era posible planificar con antelación. Ella preguntó venciendo la tentación de mirarme: ¿Qué tipo de necesidades intimas? A lo que Alejandro, ya casi en un susurro y rozando su cara, contestó con una sonrisa: Estoy seguro de que a estas alturas Sta. conoce casi perfectamente la respuesta a esa pregunta. Acercó finalmente su boca a la de ella y la besó.
“Ahora debo comprobar como de eficiente puede llegar a ser Ud. en este terreno Sta. Tais”.

Sus bocas volvieron a unirse, ella ya evidentemente entregada mientras de reojo intentaba observarme. Yo me mantenía en mi sillón, observando la escena con aspecto evaluador.
Las manos de Alejandro recorrieron sus piernas sin dejar de besarla. Levantaron su falda mientras ella respondía lentamente a los requerimientos de mi eficiente asesor. Cuando finalmente su falda quedó por encima de sus caderas comprobé que sus braguitas tenían una abertura que permitía el acceso a su sexo. Definitivamente es la candidata ideal, pensé.


Alejandro seguía trabajando eficientemente, ahora desabotonando la camisa, despues descubriendo lentamente sus pechos, aun sin quitar el sujetador. La imagen desde mi asiento no podía ser mejor. Ella ya recostada en el sofá y con las piernas todo lo abiertas que permitía su ajustada falda levantada, jadeante y respondiendo a los besos y caricias, visiblemente excitada y permitiéndose mirarme de vez en cuando para observar mi reacción. Su mano se condujo por fin hacia la entrepierna de Alejandro donde pudo comprobar una de las razones que hacían de ese chico el asesor perfecto. Descorrió la bragueta y hurgó dentro de ella haciendo esfuerzos para extraer por la abertura un miembro más que grande. Su excitación creció en segundos y no pudo evitar apartarse de la boca ávida de Alejandro para concentrar su atención en extraer lo que prometía ser una magnifica polla. Se inclinó hacia ella una vez expuesta y empezó a chuparla. Ese era el momento. Abrí mi cajón y extraje de el un objeto que habia preparado para la ocasión. Me acerque a ellos mientras mi perrita era capaz de chupar y mirarme para asegurarse de que yo seguía allí. Me acerqué a los dos y colocándome enfrente de Tais, abrí sus piernas despacio hasta que su sexo quedó a mi disposición. La vibración del instrumento que tenia en mis manos fue como el anuncio de lo que estaba por llegar.

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