miércoles, 3 de febrero de 2010

Entrevista de trabajo. Cuarta parte. El desenlace.

Tais se sobresaltó al ver el aparato que yo tenia en mis manos. El aspecto era el de un micrófono grande. Pero su zumbido y la evidente vibración evidenciaban que no lo era. Lo que asustó a mi perrita fue sin duda su tamaño. No la tranquilicé, no dije nada. Dejé que siguiera pensando que aquello era demasiado grande para según que uso.
Acerqué aquel potente aparato masajeador a sus muslos, mientras con la otra mano la obligué a acercar la cabeza al sexo de Alejandro, que seguía enhiesto y expectante. El contacto con sus piel de aquel aparato le hizo dar un pequeño respingo, pero pronto volvió a relajarse al comprobar lo agradable de aquella potente vibración. Volvió a chupar con ganas mientras sujetaba con sus dos manos el miembro enorme de Alejandro. Yo fui jugueteando con el aparato, recorriendo sus piernas, acercándolo a su pubis, rodeando el centro de su deseo. Con mi otra mano preparé el terreno, abrí sus piernas mas, acaricié su monte de Venus, bajé mi pulgar hasta el comienzo de su coño rezumante de jugos. Al llegar a la pequeña porción de piel que cubre su clítoris la deslicé con mi pulgar hacia arriba, descubriendo ese pequeño botón rosado. El enorme vibrador trazaba ya círculos muy cerca de su raja entreabierta. Acerque mi boca para mojar directamente sobre un clítoris sorprendentemente hinchado. Mientras Alejandro estaba comprobando lo buena mamadora que es mi perrita cuando esta desbocada de placer. La chupaba más que con ganas, casi con ansiedad. Lograba meter aquella polla descomunal hasta la mitad de su longitud y evidentemente hasta su garganta. La mezcla del olor que ya llenaba el despacho y los gemidos ahogados de mi perra propiciaban la catalización perfecta de la excitación que ya sentíamos los tres. Por primera vez coloque aquel micrófono vibrante encima de su clítoris, su tamaño era tal que cubría casi por completo su sexo. Yo se que ese aparato es sencillamente demasiado potente, así que al principio hay que dosificar la presión para que no sea mas molesto que placentero. Aun así la excitación de mi perrita le permitió soportarlo y disfrutarlo desde el principio.
“Hoy te correrás muchas veces para tu Amo”.
Ni siquiera contestó. No era una pregunta. Pero sus gemidos evidenciaban que estaba dispuesta. Seguí aplicando aquel instrumento a su clítoris, mientras metía mis dedos en su coño; primero uno, luego mas. Conseguí sacar mi polla y situarme al lado contrario de Alejandro sin dejar de masturbarla en ningún momento. Ella totalmente entregada, recostada en el sofá, nosotros a ambos lados arrodillados y con dos pollas durísimas a la altura de su cara, sus piernas totalmente abiertas y con aquel monstruo tembloroso encima de su vulva. Su primer orgasmo no tardó en llegar. Ese era el momento de obligarla. Su orgasmo le provocaba movimientos reflejos. No le permitimos apartarse de nuestras pollas. Sigue chupando. No te la saques de la boca. El aparato no se apartó ni un milímetro de donde estaba. Sus orgasmos se sucedían. Era demasiado placer, casi dolía. Ya no chupaba, pero aguantaba las embestidas de una y otra polla que follaban su boca sin piedad. Una mano en cada falo y su cabeza dirigida por nosotros hacia una y otra polla. Así la mantuve durante un buen rato, en ocasiones pensaba que no lo aguantaría, pero seguía estremeciéndose y convulsionando. Sus piernas estiradas y tensas tras cada corrida. Sus pezones erectos y sus tetas durísimas. Por fin, despues de lo que pareció un larguísimo orgasmo final. Nos apartamos ligeramente de ella. Seguía gimiendo ya sin control, casi gritando. Apague el aparato y lo dejé sobre la mesa. Nos situamos de pié frente a ella esperando que se clamara. Habia juntado sus rodillas y se habia deslizado en el sofá hasta quedar casi tumbada. Sus manos en la entrepierna presionaban su coño aun orgásmico y temblaba toda. Jadeaba y reía intermitentemente, como aun no creyendo que hubiera sido capaz de correrse tantas veces, todas las veces.
Sin mediar palabra la tomamos de las manos y suavemente la ayudamos a ponerse de pié. Ven perrita, ahora te follaremos. La condujimos hacia la mesa en la que anteriormente se habia iniciado la entrevista. La sentamos en el borde y Alejandro abrió sus piernas con firmeza, sujetándolas abiertas con ambas manos por los tobillos. Ella apoyó sus manos en la mesa esperando la embestida. Aquella polla descomunal se posó en sus labios entreabiertos y empezó a empujar. Entró poco a poco, cada centímetro de carne. Tais tuvo que llevar una mano hacia Alejandro para contenerle. ¿Demasiado grande para mi perrita? No Amo. Apartó su mano al escuchar mi voz y Alejandro logró meterla toda dentro de ella. Súbela, le pedí a él, quien la tomo en brazos sin salir de su cuerpo. Ella se agarró a su cuello. Yo me situé detrás y observé el panorama. Mi perrita subía y bajaba sujetada por unos fuertes brazos que la agarraban del culo. La polla de mi asistente empalaba a mi perrita que gritaba abandonada en brazos de aquel. Al verme dispuesto Alex se detuvo. Yo, detrás de ella, lubriqué su culito completamente abierto y disponible para mí. Un no tímido asomó a sus labios, lo que me permitió acercar mi boca a su oído para preguntarle en un susurro, dime que no nos quieres dentro de ti. Su si sonó anhelante. Si Amo follarme, follame duro, soy tu perra. Emprendí en camino de entrada despacio. Ella se aferraba al cuello de mi acompañante. Nuestro reflejo, el de los tres, se presentaba pálido en la cristalera que daba a la calle. Era un precioso espectáculo. Cuando logré estar dentro de ella totalmente Alejandro y yo, sujetándola ambos, comenzamos a moverla lentamente arriba y abajo. Totalmente llena y entregada a nosotros ella condujo sus brazos hacia atrás para agarrarme la nuca. Yo no dejaba de hablarle, de decirle lo buena que era, lo obediente, lo perra, lo puta. Nuestro ritmo aumentó hasta que estuvimos a punto. La bajamos entonces y colocándola encima de la mesa tumbada, nos situamos a ambos lados para regarla con nuestro esperma. Dos chorros salieron a presión para caer sobre sus tetas, sobre su vientre, sobre su cara. Exhausta, mi perrita lamia sus manos y nos miraba desearla aun. Ambos nos inclinamos para besarla y yo, inmensamente feliz, le dije al oído: está Ud. contratada.