A veces, muy raramente, la vida te regala un atisbo, tan solo una pequeña muestra, de cómo podria ser todo si todo fuera distinto. Es dificil entonces resistirse a la tentación de imaginarte en otro lugar, con otra vida, en otros brazos. Es entonces cuando a uno le gustaria poder vivir dos veces, estar en dos sitios, amar sin limitaciones absurdamente practicas e inevitablemente reales. Son esos momentos en los que solo cabe abandonarse a la prudencia de deshechar la ilusión por imposible o retenerla para sonreir e imaginar. Someterse a la mediania de quien se doblega ante unos pies en la tierra o seguir soñando con la fecicidad absoluta encerradas en unas pocas horas eternas pero demasiado cortas y excesivamente dificiles de repetir.
Hacer miles de kilometros para conocer, por fin, una sonrisa que intuyes ya hace tiempo única, no tiene mas merito por lo tanto que el de superar una barrera fisicamente absurda. Salvar pueriles impedimentos practicos solo para disfrutar de una compañía que ya sabias sublime, sin mas (ni menos), espectativas, será dificil para algunos; para mi desde luego no lo ha sido.
Un taxi, un avión y un coche de alquiler; un inmenso hotel desierto, una lluvia desaforada, un mar embrabecido; una espera larguisima que aun quiesiera que durara, la llamada, tu voz. Quien no haya nunca arriesgado lo suficiente, jamas sabrá cuantos maravillosos regalos le hubieran estado esperando.
No estube en ningún momento nervioso, como otras veces. Solo anhelante, expectante, decidido. Conocer a alguien a traves de lo que escribe es muchisimo mas enriquecedor de lo que casi todo el mundo imagina. Escribir es pensar. Ningún otro mecanismo de comunicación te obliga como este a meditar, construir ideas, buscar la palabra adecuada, la expresión que eluda la ambigüedad o que la construya sutilmente. Yo no solo pienso cuando escribo, pero cuando lo hago es cuando pienso mejor. Lo que ocurrió fue que, por encima del murmullo de casi todos los que escriben sin pensar, aparecieron tus palabras, nitidas, lucidas, generosas aunque cautas. Cuando eso ocurre, a mi me parece estar viendo esas palabras subrayadas con fluorescencia. Emergen entre el resto con un mensaje implicito pero evidente. No tube que leerte mucho para quererte y para quererte a mi lado.
Es dificil explicar, y seguramente creer, las principales motivaciones que me llevaron a desear estar allí desde casi el primer momento. Siempre te digo que hay una diferencia importante entre la curiosidad y el interes. Demasiado sutil para ser convincente. Demasiado poco común para ser creible. Por eso al llegar yo no veia carreteras donde las habia, sino las que tu recorres seguramente todos los días. Yo no veia supermercados o tiendas o bares o playas, sino los lugares de tu cotidianidad; imaginando tal vez los de la mia en esa otra vida que nunca viviré junto a ti.
Al llegar aquel hotel solitariamente inmenso no pude evitar sentirme como Gustav entrando en aquel Lido Veneciano. Yo tambien anhelante de inspiración. Tambien rodeado de una belleza sobrecogedora pero decadente. Tambien esperando la atención de un ser inalcanzablemente bello. Siendo consciente de mi fealdad, de mi insignificancia, de lo tal vez desesperado de mi busqueda de lo eterno en un encuentro de unas pocas horas. Definitivamente tengo que releer a Thomas Mann.
La liturgia de mi preparación higienica para ti no logró hacer mi espera mas corta, ni yo lo pretendia. Me tumbé en la cama deseando dormir y despertar a tu lado, sin mas. Soñé seguramente contigo sin saber aun, con la certeza de la proximidad, como eras de verdad, como olias y cual era tu sabor. Desperté sobresaltado por la idea de que no llegarias. De que serias todo lo prudente que deseo que seas por tu bien, y renunciarias a conocerme. Pero llamaste y estabas en camino.
Logré resistirme a salir corriendo escaleras abajo olvidarme de cerrar la puerta o coger lo imprescindible. Miles de pasos tube que dar para llegar, atravesando mi Lido veneciano, hasta la misma puerta del hotel. Bajo una finisima y obcecada lluvia te esperé en cada coche que se acarcaba. Obsesionado con retener a partir de ese segundo cada imagen en mi memoria, sin ser consciente de que mi esfuerzo no iba a ser necesario.
Finalmente uno de esos coches paró y mientras me acercaba, por fin nervioso, te vi salir de el. En ese momento empecé a creer que eras real. En ese momento una pequeña brecha de lucidez me dejó intuir hasta que punto soy afortunado.
viernes, 5 de marzo de 2010
miércoles, 3 de febrero de 2010
Entrevista de trabajo. Cuarta parte. El desenlace.
Tais se sobresaltó al ver el aparato que yo tenia en mis manos. El aspecto era el de un micrófono grande. Pero su zumbido y la evidente vibración evidenciaban que no lo era. Lo que asustó a mi perrita fue sin duda su tamaño. No la tranquilicé, no dije nada. Dejé que siguiera pensando que aquello era demasiado grande para según que uso.
Acerqué aquel potente aparato masajeador a sus muslos, mientras con la otra mano la obligué a acercar la cabeza al sexo de Alejandro, que seguía enhiesto y expectante. El contacto con sus piel de aquel aparato le hizo dar un pequeño respingo, pero pronto volvió a relajarse al comprobar lo agradable de aquella potente vibración. Volvió a chupar con ganas mientras sujetaba con sus dos manos el miembro enorme de Alejandro. Yo fui jugueteando con el aparato, recorriendo sus piernas, acercándolo a su pubis, rodeando el centro de su deseo. Con mi otra mano preparé el terreno, abrí sus piernas mas, acaricié su monte de Venus, bajé mi pulgar hasta el comienzo de su coño rezumante de jugos. Al llegar a la pequeña porción de piel que cubre su clítoris la deslicé con mi pulgar hacia arriba, descubriendo ese pequeño botón rosado. El enorme vibrador trazaba ya círculos muy cerca de su raja entreabierta. Acerque mi boca para mojar directamente sobre un clítoris sorprendentemente hinchado. Mientras Alejandro estaba comprobando lo buena mamadora que es mi perrita cuando esta desbocada de placer. La chupaba más que con ganas, casi con ansiedad. Lograba meter aquella polla descomunal hasta la mitad de su longitud y evidentemente hasta su garganta. La mezcla del olor que ya llenaba el despacho y los gemidos ahogados de mi perra propiciaban la catalización perfecta de la excitación que ya sentíamos los tres. Por primera vez coloque aquel micrófono vibrante encima de su clítoris, su tamaño era tal que cubría casi por completo su sexo.
Yo se que ese aparato es sencillamente demasiado potente, así que al principio hay que dosificar la presión para que no sea mas molesto que placentero. Aun así la excitación de mi perrita le permitió soportarlo y disfrutarlo desde el principio.
“Hoy te correrás muchas veces para tu Amo”.
Ni siquiera contestó. No era una pregunta. Pero sus gemidos evidenciaban que estaba dispuesta. Seguí aplicando aquel instrumento a su clítoris, mientras metía mis dedos en su coño; primero uno, luego mas. Conseguí sacar mi polla y situarme al lado contrario de Alejandro sin dejar de masturbarla en ningún momento. Ella totalmente entregada, recostada en el sofá, nosotros a ambos lados arrodillados y con dos pollas durísimas a la altura de su cara, sus piernas totalmente abiertas y con aquel monstruo tembloroso encima de su vulva. Su primer orgasmo no tardó en llegar. Ese era el momento de obligarla. Su orgasmo le provocaba movimientos reflejos. No le permitimos apartarse de nuestras pollas. Sigue chupando. No te la saques de la boca. El aparato no se apartó ni un milímetro de donde estaba. Sus orgasmos se sucedían. Era demasiado placer, casi dolía. Ya no chupaba, pero aguantaba las embestidas de una y otra polla que follaban su boca sin piedad. Una mano en cada falo y su cabeza dirigida por nosotros hacia una y otra polla. Así la mantuve durante un buen rato, en ocasiones pensaba que no lo aguantaría, pero seguía estremeciéndose y convulsionando. Sus piernas estiradas y tensas tras cada corrida. Sus pezones erectos y sus tetas durísimas. Por fin, despues de lo que pareció un larguísimo orgasmo final. Nos apartamos ligeramente de ella. Seguía gimiendo ya sin control, casi gritando. Apague el aparato y lo dejé sobre la mesa. Nos situamos de pié frente a ella esperando que se clamara. Habia juntado sus rodillas y se habia deslizado en el sofá hasta quedar casi tumbada. Sus manos en la entrepierna presionaban su coño aun orgásmico y temblaba toda. Jadeaba y reía intermitentemente, como aun no creyendo que hubiera sido capaz de correrse tantas veces, todas las veces.
Sin mediar palabra la tomamos de las manos y suavemente la ayudamos a ponerse de pié. Ven perrita, ahora te follaremos. La condujimos hacia la mesa en la que anteriormente se habia iniciado la entrevista. La sentamos en el borde y Alejandro abrió sus piernas con firmeza, sujetándolas abiertas con ambas manos por los tobillos. Ella apoyó sus manos en la mesa esperando la embestida. Aquella polla descomunal se posó en sus labios entreabiertos y empezó a empujar. Entró poco a poco, cada centímetro de carne. Tais tuvo que llevar una mano hacia Alejandro para contenerle. ¿Demasiado grande para mi perrita? No Amo. Apartó su mano al escuchar mi voz y Alejandro logró meterla toda dentro de ella. Súbela, le pedí a él, quien la tomo en brazos sin salir de su cuerpo. Ella se agarró a su cuello. Yo me situé detrás y observé el panorama. Mi perrita subía y bajaba sujetada por unos fuertes brazos que la agarraban del culo. La polla de mi asistente empalaba a mi perrita que gritaba abandonada en brazos de aquel. Al verme dispuesto Alex se detuvo. Yo, detrás de ella, lubriqué su culito completamente abierto y disponible para mí. Un no tímido asomó a sus labios, lo que me permitió acercar mi boca a su oído para preguntarle en un susurro, dime que no nos quieres dentro de ti. Su si sonó anhelante. Si Amo follarme, follame duro, soy tu perra.
Emprendí en camino de entrada despacio. Ella se aferraba al cuello de mi acompañante. Nuestro reflejo, el de los tres, se presentaba pálido en la cristalera que daba a la calle. Era un precioso espectáculo. Cuando logré estar dentro de ella totalmente Alejandro y yo, sujetándola ambos, comenzamos a moverla lentamente arriba y abajo. Totalmente llena y entregada a nosotros ella condujo sus brazos hacia atrás para agarrarme la nuca. Yo no dejaba de hablarle, de decirle lo buena que era, lo obediente, lo perra, lo puta. Nuestro ritmo aumentó hasta que estuvimos a punto. La bajamos entonces y colocándola encima de la mesa tumbada, nos situamos a ambos lados para regarla con nuestro esperma. Dos chorros salieron a presión para caer sobre sus tetas, sobre su vientre, sobre su cara. Exhausta, mi perrita lamia sus manos y nos miraba desearla aun. Ambos nos inclinamos para besarla y yo, inmensamente feliz, le dije al oído: está Ud. contratada.

Acerqué aquel potente aparato masajeador a sus muslos, mientras con la otra mano la obligué a acercar la cabeza al sexo de Alejandro, que seguía enhiesto y expectante. El contacto con sus piel de aquel aparato le hizo dar un pequeño respingo, pero pronto volvió a relajarse al comprobar lo agradable de aquella potente vibración. Volvió a chupar con ganas mientras sujetaba con sus dos manos el miembro enorme de Alejandro. Yo fui jugueteando con el aparato, recorriendo sus piernas, acercándolo a su pubis, rodeando el centro de su deseo. Con mi otra mano preparé el terreno, abrí sus piernas mas, acaricié su monte de Venus, bajé mi pulgar hasta el comienzo de su coño rezumante de jugos. Al llegar a la pequeña porción de piel que cubre su clítoris la deslicé con mi pulgar hacia arriba, descubriendo ese pequeño botón rosado. El enorme vibrador trazaba ya círculos muy cerca de su raja entreabierta. Acerque mi boca para mojar directamente sobre un clítoris sorprendentemente hinchado. Mientras Alejandro estaba comprobando lo buena mamadora que es mi perrita cuando esta desbocada de placer. La chupaba más que con ganas, casi con ansiedad. Lograba meter aquella polla descomunal hasta la mitad de su longitud y evidentemente hasta su garganta. La mezcla del olor que ya llenaba el despacho y los gemidos ahogados de mi perra propiciaban la catalización perfecta de la excitación que ya sentíamos los tres. Por primera vez coloque aquel micrófono vibrante encima de su clítoris, su tamaño era tal que cubría casi por completo su sexo.
Yo se que ese aparato es sencillamente demasiado potente, así que al principio hay que dosificar la presión para que no sea mas molesto que placentero. Aun así la excitación de mi perrita le permitió soportarlo y disfrutarlo desde el principio.“Hoy te correrás muchas veces para tu Amo”.
Ni siquiera contestó. No era una pregunta. Pero sus gemidos evidenciaban que estaba dispuesta. Seguí aplicando aquel instrumento a su clítoris, mientras metía mis dedos en su coño; primero uno, luego mas. Conseguí sacar mi polla y situarme al lado contrario de Alejandro sin dejar de masturbarla en ningún momento. Ella totalmente entregada, recostada en el sofá, nosotros a ambos lados arrodillados y con dos pollas durísimas a la altura de su cara, sus piernas totalmente abiertas y con aquel monstruo tembloroso encima de su vulva. Su primer orgasmo no tardó en llegar. Ese era el momento de obligarla. Su orgasmo le provocaba movimientos reflejos. No le permitimos apartarse de nuestras pollas. Sigue chupando. No te la saques de la boca. El aparato no se apartó ni un milímetro de donde estaba. Sus orgasmos se sucedían. Era demasiado placer, casi dolía. Ya no chupaba, pero aguantaba las embestidas de una y otra polla que follaban su boca sin piedad. Una mano en cada falo y su cabeza dirigida por nosotros hacia una y otra polla. Así la mantuve durante un buen rato, en ocasiones pensaba que no lo aguantaría, pero seguía estremeciéndose y convulsionando. Sus piernas estiradas y tensas tras cada corrida. Sus pezones erectos y sus tetas durísimas. Por fin, despues de lo que pareció un larguísimo orgasmo final. Nos apartamos ligeramente de ella. Seguía gimiendo ya sin control, casi gritando. Apague el aparato y lo dejé sobre la mesa. Nos situamos de pié frente a ella esperando que se clamara. Habia juntado sus rodillas y se habia deslizado en el sofá hasta quedar casi tumbada. Sus manos en la entrepierna presionaban su coño aun orgásmico y temblaba toda. Jadeaba y reía intermitentemente, como aun no creyendo que hubiera sido capaz de correrse tantas veces, todas las veces.
Sin mediar palabra la tomamos de las manos y suavemente la ayudamos a ponerse de pié. Ven perrita, ahora te follaremos. La condujimos hacia la mesa en la que anteriormente se habia iniciado la entrevista. La sentamos en el borde y Alejandro abrió sus piernas con firmeza, sujetándolas abiertas con ambas manos por los tobillos. Ella apoyó sus manos en la mesa esperando la embestida. Aquella polla descomunal se posó en sus labios entreabiertos y empezó a empujar. Entró poco a poco, cada centímetro de carne. Tais tuvo que llevar una mano hacia Alejandro para contenerle. ¿Demasiado grande para mi perrita? No Amo. Apartó su mano al escuchar mi voz y Alejandro logró meterla toda dentro de ella. Súbela, le pedí a él, quien la tomo en brazos sin salir de su cuerpo. Ella se agarró a su cuello. Yo me situé detrás y observé el panorama. Mi perrita subía y bajaba sujetada por unos fuertes brazos que la agarraban del culo. La polla de mi asistente empalaba a mi perrita que gritaba abandonada en brazos de aquel. Al verme dispuesto Alex se detuvo. Yo, detrás de ella, lubriqué su culito completamente abierto y disponible para mí. Un no tímido asomó a sus labios, lo que me permitió acercar mi boca a su oído para preguntarle en un susurro, dime que no nos quieres dentro de ti. Su si sonó anhelante. Si Amo follarme, follame duro, soy tu perra.
Emprendí en camino de entrada despacio. Ella se aferraba al cuello de mi acompañante. Nuestro reflejo, el de los tres, se presentaba pálido en la cristalera que daba a la calle. Era un precioso espectáculo. Cuando logré estar dentro de ella totalmente Alejandro y yo, sujetándola ambos, comenzamos a moverla lentamente arriba y abajo. Totalmente llena y entregada a nosotros ella condujo sus brazos hacia atrás para agarrarme la nuca. Yo no dejaba de hablarle, de decirle lo buena que era, lo obediente, lo perra, lo puta. Nuestro ritmo aumentó hasta que estuvimos a punto. La bajamos entonces y colocándola encima de la mesa tumbada, nos situamos a ambos lados para regarla con nuestro esperma. Dos chorros salieron a presión para caer sobre sus tetas, sobre su vientre, sobre su cara. Exhausta, mi perrita lamia sus manos y nos miraba desearla aun. Ambos nos inclinamos para besarla y yo, inmensamente feliz, le dije al oído: está Ud. contratada.
miércoles, 27 de enero de 2010
Entrevista de trabajo. Tercera parte: El asesor.
Me gustó observar como Tais se quitaba la chaqueta delante de mí, sin mirarme, despacio, evidentemente nerviosa. Yo me recosté en mi sillón admirando lo bien que habia sabido elegir aquella camisa e intentando moderar mi impaciencia por contemplar el sujetador que escondía a duras penas. Se sentó de nuevo y empezó a hablar de su experiencia profesional. Yo no hacia ningún esfuerzo por escuchar lo que decía, me limitaba a mirarla, a los ojos, anticipando cada minuto de lo que sucedería.
Pasados unos minutos sonaron unos golpes en la puerta para anunciar la entrada de Alejandro. Perdone Don Horacio. Pase, pase. Tais me explicaba su experiencia profesional anterior. Alejandro se sentó detrás de Tais en un pequeño sofá que quedaba al fondo del despacho. Cuando ella terminó de hablar le indiqué que se sentara junto a Alejandro.
La petición lejos de ser amable no dejaba resquicio a la duda. Ella debía ponerse en sus manos para su evaluación.Alejandro tomó sus manos una vez estuvo sentada a su lado en el pequeño sofá.
Su si sonó apagado pero suficientemente convincente.
Poco a poco el lenguaje corporal de Alejandro fue sobrepasando la barrera de lo cordial y acercándose a lo íntimo. Primero colocando una mano sobre su hombro, sin dejar de tomarle sus manos con la otra. Mientras Tais iba explicando que me imaginaba como un hombre muy ocupado, que pensaba que tendría que estar siempre disponible para atender mi teléfono, para ocuparse de todo y permitir mi tiempo de descanso, para planificar las citas privadas. En ese punto Alejandro ya acariciaba su nuca y se mantenía muy cerca de ella. Alejandro era un tipo de unos 30 años, con un físico grande y perfectamente proporcionado, muy atractivo aunque con rasgos duros. La interrumpió para explicar que seguramente ella imaginaria que yo no tenia demasiado tiempo para las relaciones personales y que, por lo tanto, también debía de ser extremadamente discreta y comprensiva acerca de las citas y ocasiones en las que yo planificaba encuentros “íntimos”. Asintió con la cabeza mientras mi asesor continuaba. De hecho Horacio necesita que la persona que le asiste pueda incluso llegar a cubrir parte de esas necesidades intimas que, por razones de tiempo, no siempre era posible planificar con antelación. Ella preguntó venciendo la tentación de mirarme: ¿Qué tipo de necesidades intimas? A lo que Alejandro, ya casi en un susurro y rozando su cara, contestó con una sonrisa: Estoy seguro de que a estas alturas Sta. conoce casi perfectamente la respuesta a esa pregunta. Acercó finalmente su boca a la de ella y la besó.
Sus bocas volvieron a unirse, ella ya evidentemente entregada mientras de reojo intentaba observarme. Yo me mantenía en mi sillón, observando la escena con aspecto evaluador.
Las manos de Alejandro recorrieron sus piernas sin dejar de besarla. Levantaron su falda mientras ella respondía lentamente a los requerimientos de mi eficiente asesor. Cuando finalmente su falda quedó por encima de sus caderas comprobé que sus braguitas tenían una abertura que permitía el acceso a su sexo. Definitivamente es la candidata ideal, pensé.

Alejandro seguía trabajando eficientemente, ahora desabotonando la camisa, despues descubriendo lentamente sus pechos, aun sin quitar el sujetador. La imagen desde mi asiento no podía ser mejor. Ella ya recostada en el sofá y con las piernas todo lo abiertas que permitía su ajustada falda levantada, jadeante y respondiendo a los besos y caricias, visiblemente excitada y permitiéndose mirarme de vez en cuando para observar mi reacción. Su mano se condujo por fin hacia la entrepierna de Alejandro donde pudo comprobar una de las razones que hacían de ese chico el asesor perfecto. Descorrió la bragueta y hurgó dentro de ella haciendo esfuerzos para extraer por la abertura un miembro más que grande. Su excitación creció en segundos y no pudo evitar apartarse de la boca ávida de Alejandro para concentrar su atención en extraer lo que prometía ser una magnifica polla. Se inclinó hacia ella una vez expuesta y empezó a chuparla. Ese era el momento. Abrí mi cajón y extraje de el un objeto que habia preparado para la ocasión. Me acerque a ellos mientras mi perrita era capaz de chupar y mirarme para asegurarse de que yo seguía allí. Me acerqué a los dos y colocándome enfrente de Tais, abrí sus piernas despacio hasta que su sexo quedó a mi disposición. La vibración del instrumento que tenia en mis manos fue como el anuncio de lo que estaba por llegar.
Pasados unos minutos sonaron unos golpes en la puerta para anunciar la entrada de Alejandro. Perdone Don Horacio. Pase, pase. Tais me explicaba su experiencia profesional anterior. Alejandro se sentó detrás de Tais en un pequeño sofá que quedaba al fondo del despacho. Cuando ella terminó de hablar le indiqué que se sentara junto a Alejandro.
“Él es mi mejor asesor de recursos humanos y una persona de entera confianza. Me gustaría que charlarais un rato para que pueda evaluarte. Por favor trátalo en todos los aspectos como si de mi se tratara.”
La petición lejos de ser amable no dejaba resquicio a la duda. Ella debía ponerse en sus manos para su evaluación.Alejandro tomó sus manos una vez estuvo sentada a su lado en el pequeño sofá.
“Tais, el Sr. Horacio es una persona muy especial. Necesita a su lado a alguien también especial. Me gustaría hacerte ciertas preguntas de carácter personal. Debo saber hasta que punto cumples los requisitos. ¿Lo entiendes verdad?”
Su si sonó apagado pero suficientemente convincente.
“Bien, dime, ¿Cómo imaginas la vida cotidiana del Sr. Horacio y en que piensas que puedes servirle en ese sentido?”
Poco a poco el lenguaje corporal de Alejandro fue sobrepasando la barrera de lo cordial y acercándose a lo íntimo. Primero colocando una mano sobre su hombro, sin dejar de tomarle sus manos con la otra. Mientras Tais iba explicando que me imaginaba como un hombre muy ocupado, que pensaba que tendría que estar siempre disponible para atender mi teléfono, para ocuparse de todo y permitir mi tiempo de descanso, para planificar las citas privadas. En ese punto Alejandro ya acariciaba su nuca y se mantenía muy cerca de ella. Alejandro era un tipo de unos 30 años, con un físico grande y perfectamente proporcionado, muy atractivo aunque con rasgos duros. La interrumpió para explicar que seguramente ella imaginaria que yo no tenia demasiado tiempo para las relaciones personales y que, por lo tanto, también debía de ser extremadamente discreta y comprensiva acerca de las citas y ocasiones en las que yo planificaba encuentros “íntimos”. Asintió con la cabeza mientras mi asesor continuaba. De hecho Horacio necesita que la persona que le asiste pueda incluso llegar a cubrir parte de esas necesidades intimas que, por razones de tiempo, no siempre era posible planificar con antelación. Ella preguntó venciendo la tentación de mirarme: ¿Qué tipo de necesidades intimas? A lo que Alejandro, ya casi en un susurro y rozando su cara, contestó con una sonrisa: Estoy seguro de que a estas alturas Sta. conoce casi perfectamente la respuesta a esa pregunta. Acercó finalmente su boca a la de ella y la besó.
“Ahora debo comprobar como de eficiente puede llegar a ser Ud. en este terreno Sta. Tais”.
Sus bocas volvieron a unirse, ella ya evidentemente entregada mientras de reojo intentaba observarme. Yo me mantenía en mi sillón, observando la escena con aspecto evaluador.
Las manos de Alejandro recorrieron sus piernas sin dejar de besarla. Levantaron su falda mientras ella respondía lentamente a los requerimientos de mi eficiente asesor. Cuando finalmente su falda quedó por encima de sus caderas comprobé que sus braguitas tenían una abertura que permitía el acceso a su sexo. Definitivamente es la candidata ideal, pensé.

Alejandro seguía trabajando eficientemente, ahora desabotonando la camisa, despues descubriendo lentamente sus pechos, aun sin quitar el sujetador. La imagen desde mi asiento no podía ser mejor. Ella ya recostada en el sofá y con las piernas todo lo abiertas que permitía su ajustada falda levantada, jadeante y respondiendo a los besos y caricias, visiblemente excitada y permitiéndose mirarme de vez en cuando para observar mi reacción. Su mano se condujo por fin hacia la entrepierna de Alejandro donde pudo comprobar una de las razones que hacían de ese chico el asesor perfecto. Descorrió la bragueta y hurgó dentro de ella haciendo esfuerzos para extraer por la abertura un miembro más que grande. Su excitación creció en segundos y no pudo evitar apartarse de la boca ávida de Alejandro para concentrar su atención en extraer lo que prometía ser una magnifica polla. Se inclinó hacia ella una vez expuesta y empezó a chuparla. Ese era el momento. Abrí mi cajón y extraje de el un objeto que habia preparado para la ocasión. Me acerque a ellos mientras mi perrita era capaz de chupar y mirarme para asegurarse de que yo seguía allí. Me acerqué a los dos y colocándome enfrente de Tais, abrí sus piernas despacio hasta que su sexo quedó a mi disposición. La vibración del instrumento que tenia en mis manos fue como el anuncio de lo que estaba por llegar.
viernes, 22 de enero de 2010
Entrevista de trabajo. Segunda parte. Los preliminares.
Cuando el timbre de la puerta de aquella oficina sonó, todo estaba ya listo, planificado hasta el último detalle, y a la expectativa de la llegada de la candidata.
Al abrirse la puerta ocurrieron dos cosas simultáneamente. Yo fui testigo de hasta que punto era ella la candidata ideal. Vestida con traje sastre oscuro de falda recta y ceñida. Zapatos planos de niña buena y eficiente, medias y un liguero evidentísimo dado lo ajustado de la falda. Camisa blanca abotonada en defecto para permitir un escote precioso. Pelo recogido en cola de caballo con uno de esos pasadores largos. Pero, sobre todo, unos ojos grandes y abiertos detrás de unas gafas de pasta negras que enmarcaban un rostro precioso.
Al mismo tiempo que yo veía esto desde el despacho interior, agazapado aún de su vista, ella se encontraba en la puerta con otra persona distinta de mí y sus ojos se abrían aun mas, entre asustados de haber equivocado la oficina y sorprendidos por no encontrar a la persona que esperaba.
Durante unos largos segundos ella procesó la información que acababa de recibir. Sabía a lo que venia. Todo habia sido pactado de antemano; o al menos eso pensaba. Pero no lograba entender este nuevo aspecto del juego. Finalmente la confianza en mi supongo que la decidió a entrar. Alejandro la acompañó hasta un pequeño sofá situado justo enfrente de mi oficina, y desde donde yo podía verla sin ser visto.
Ella logró hacer un gesto negativo con la cabeza y balbucear un gracias mientras observaba su entorno visiblemente intimidada.
Yo observaba a través del vidrio opacado que nos separaba. Sus piernas, su pelo, sus labios, su nunca fingida timidez. Decidí que esperaría unos 15 minutos a pesar de que yo no tenia absolutamente nada que hacer salvo mirarla.
El teléfono de Alejandro sonó para romper un silencio incomodo y frío. “Trae a mi perita” fue todo cuanto tuve que decirle para que se levantara y acercándose a ella le indicara que pasara a mi despacho. Se acercó a la puerta y llamó. El adelante que sonó desde dentro era contundente. Empezaba la acción.

Al pasar se encontró en un despacho grande y acristalado al exterior. Yo de pié miraba hacia la calle y le daba la espalda. “Siéntese por favor”. La silla en la que debía hacerlo estaba ligeramente separada de la mesa. Eso y su tamaño le conferían un aspecto de desprotección a cualquier persona que la ocupara. Cuando se sentó me giré y sentándome en mi gran butaca de piel, ojeé el supuesto curriculum sin aún dirigir mi mirada hacia ella.
Al abrirse la puerta ocurrieron dos cosas simultáneamente. Yo fui testigo de hasta que punto era ella la candidata ideal. Vestida con traje sastre oscuro de falda recta y ceñida. Zapatos planos de niña buena y eficiente, medias y un liguero evidentísimo dado lo ajustado de la falda. Camisa blanca abotonada en defecto para permitir un escote precioso. Pelo recogido en cola de caballo con uno de esos pasadores largos. Pero, sobre todo, unos ojos grandes y abiertos detrás de unas gafas de pasta negras que enmarcaban un rostro precioso.
Al mismo tiempo que yo veía esto desde el despacho interior, agazapado aún de su vista, ella se encontraba en la puerta con otra persona distinta de mí y sus ojos se abrían aun mas, entre asustados de haber equivocado la oficina y sorprendidos por no encontrar a la persona que esperaba.
“Buenos días. Horacio le espera en unos minutos en su oficina. Soy Alejandro y asesoro a la empresa en este proceso de selección en calidad de Consultor de RRHH. Les acompañaré por tanto durante parte de la entrevista.”
Durante unos largos segundos ella procesó la información que acababa de recibir. Sabía a lo que venia. Todo habia sido pactado de antemano; o al menos eso pensaba. Pero no lograba entender este nuevo aspecto del juego. Finalmente la confianza en mi supongo que la decidió a entrar. Alejandro la acompañó hasta un pequeño sofá situado justo enfrente de mi oficina, y desde donde yo podía verla sin ser visto.
“¿Le apetece un café, agua? Horacio en seguida nos atenderá.”
Ella logró hacer un gesto negativo con la cabeza y balbucear un gracias mientras observaba su entorno visiblemente intimidada.
Yo observaba a través del vidrio opacado que nos separaba. Sus piernas, su pelo, sus labios, su nunca fingida timidez. Decidí que esperaría unos 15 minutos a pesar de que yo no tenia absolutamente nada que hacer salvo mirarla.
El teléfono de Alejandro sonó para romper un silencio incomodo y frío. “Trae a mi perita” fue todo cuanto tuve que decirle para que se levantara y acercándose a ella le indicara que pasara a mi despacho. Se acercó a la puerta y llamó. El adelante que sonó desde dentro era contundente. Empezaba la acción.

Al pasar se encontró en un despacho grande y acristalado al exterior. Yo de pié miraba hacia la calle y le daba la espalda. “Siéntese por favor”. La silla en la que debía hacerlo estaba ligeramente separada de la mesa. Eso y su tamaño le conferían un aspecto de desprotección a cualquier persona que la ocupara. Cuando se sentó me giré y sentándome en mi gran butaca de piel, ojeé el supuesto curriculum sin aún dirigir mi mirada hacia ella.
“Sta. Tais. Permítame antes que nada pedirle, una vez mas, que confirme que ha entendido perfectamente los requerimientos algo “especiales” de esta oferta de trabajo.”
“Creo que los conozco bien Sr.”
“No es muy alentador que lo crea.”
“Bueno quiero decir que estoy segura de haberlos entendido.”
“Por favor dígame que es exactamente lo que ha entendido”. Esto último lo dije ya mirándola directa y violentamente a los ojos.
“Ud. Necesita una asistente que pueda cubrir tanto sus necesidades organizativas como sus necesidades personales”.
“Aha.” Dije esperando que completara esa explicación.
“Por lo tanto la persona seleccionada debe, no solo responder a unos requisitos profesionales sino que debe tener una disponibilidad total para satisfacer cualquier necesidad personal.”
“Disponibilidad total y satisfacción personal. Si, veo que lo ha entendido perfectamente. No obstante esta entrevista terminará de convencerme acerca de su adecuación o no a estos requisitos. Me gustaría que me resumiera en unos minutos su experiencia. Pero primero, por favor, quítese la chaqueta.”
martes, 12 de enero de 2010
Entrevista de trabajo. Primera parte: La oferta.
Importante empresa de ámbito internacional, líder en su sector, precisa incorporar:
Secretaria de Dirección.
En dependencia directa del Director General de la Compañía, tendrá a su cargo la gestión de agenda, preparación de informes y memorándum, tareas de control de proyectos y asistencia en viajes de empresa.
Se requiere excelente presencia, dominio de al menos ingles, disponibilidad para viajar, conocimientos amplios de ofimática y un alto grado de compromiso y dedicación a las necesidades de su responsable inmediato.
Se ofrece paquete retributivo acorde con las expectativas del candidato. Desarrollo profesional y humano. Incorporación en un entorno de trabajo exigente y motivador que permitirá desarrollar todo su potencial profesional y personal.
No hay nada peor, en mi opinión, que una fantasía incumplida. Sobre todo cuando la razón de no hacerla realidad es una mera dificultad material. Por eso la idea de poder entrevistar a una candidata a secretaria a la que poder plantear una relación, digamos, de entrega total a su jefe; no podía dejar de excitar mi imaginación.
Recibí su curriculum y deseché los otros cientos que me llegaron; yo solo quería una entrevista, y solo a ella como candidata. Las instrucciones para la entrevista las recibió por mail, ya que, como habíamos acordado previamente, ella no proporcionó más detalles de contacto.
“Estimada Señorita,
Gracias por su solicitud para optar al puesto demandado por nuestra empresa.
Me gustaría insistir en un aspecto del perfil requerido que es fundamental para mi, como posible responsable directo suyo. Este puesto precisa de una entrega total a mis necesidades. Mi dedicación al trabajo es muy alta y necesito que mi más estrecha colaboradora no solo comparta conmigo dicha dedicación profesional, sino que, en muchos aspectos comparta y atienda necesidades personales fuera del ámbito laboral. Es imprescindible que comprenda y asuma este extremo antes de realizar una entrevista que, de otro modo no tendría sentido y supondría una perdida de tiempo.
Por lo demás le indico fecha, lugar y forma de contacto para realizar la entrevista. Por favor confírmeme su asistencia a dicha entrevista y su aceptación de los términos mas arriba descritos.
Suyo cordialmente.
Dirección General.”
Su contestación confirmando la asistencia a la entrevista no fue, por esperada, menos excitante.

El lugar elegido fue un edificio de oficinas (Bussines Center) alquilado durante un día para la ocasión. La oficina constaba de un pequeño hall con recepción y un despacho amplio con un gran ventanal, una mesa de caoba grande e intimidatoria y un sillón de piel negro donde yo, el entrevistador, me sentaría. Frente a la mesa una silla pequeña en relación a su compañera de enfrente y que situaba a la persona a entrevistar en una posición mas baja, inferior, claramente sometida.
Curiosamente las paredes del despacho eran de un rojo brillante.
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