viernes, 18 de diciembre de 2009

Viaje de trabajo

Viajar por trabajo tiene sus alicientes. Esta vez no tenia nada planificado. Mi cita de esa noche se habia cancelado pro motivos que no vienen al caso. Así que, sentado en el aeropuerto, esperando el embarque, me dediqué a uno de mis entretenimientos favoritos en esas circustancias. Conecté el Bluetooth del movil y le pedí que buscara los dispositivos disponibles. La mayoria de la gente no es consciente de la información que de si mismo ofrece en cada momento. En unos segundos tenia una lista de telefonos que, en un radio de unos 10 metros tambien tenian conectado el Bluetooth.

Dos nombres me llamaron la atención. Uno de ellos era Claudia. El otro nombre era: “Si, soy yo y deja de mirarme”. El segundo era gracioso. Dado que en las inmediaciones a donde me encontraba sentado solo habian dos chicas jovenes supuse que esos nombres de movil eran suyos. El segundo era, casi con seguridad, de una rubia bastante llamativa, de entre 20 y 25 años, que, como yo, miraba atentamente su telefono. Por lo tanto Claudia debia ser la otra chica. Morena, con una preciosa melena ondulada y voluminosa. Carita de niña buena pero vestido y botas de niña mala. Daba la impresión de volver a casa despues de trabajar en mi ciudad. Me gustó inmediatamente. Casi todos nos comportamos de la misma forma en un aeropuerto. Tratamos de parecer cosmopolitas y profesionales. Me ha ocurrido a menudo que cuanto mas grande es la ciudad donde se ubica el aeropuerto, mas facilidad existe para conversar con desconocidos. Es como si los terminos se invirtieran. En las ciudades pequeñas, tal vez para reivindicarnos como menos provincianos, nos comportamos de una forma mas uraña. No habia, en cualquier caso excusa para cercarse a Claudia. En algún momento ella se levantó, para volver mas tarde; lo que me permitió confirmar en mi telefono que era ella (dado que su nombre desapareció al irse y apareció al volver). Trate de conectar con tu telefono pero su clave de acceso me lo impidió. Probé con los mas comunes: 0000, 1234, etc. Y ninguno dio resultado.
Al embarcar comprobé que no habia tenido tanta suerte como para que nuestros asientos fueran contiguos. Así que pasé el vuelo solo y sin mas aliciente que la, ya varias veces leida, revista de la compañía aerea. De vez en cuando podia verla, varios asientos por delante de mi, leyendo a Eco (El Pendulo de Foucault). Su gusto literario siguió excitando mi curiosidad. Al llegar a destino casi perdí la esperanza de poder acercarme a Claudia. Así que, sin esperanza, enfoqué mi atención en mi necesidad de taxi y de hotel. Al dirigirme a la cola de la parada de taxis mi fortuna regresó. La tenia delante de mi, de espaldas. Inspiré profundamente y su perfume me iluminó.
- ¡No puedo creer que ni siquiera vayas a saludarme!- Le dije con un tono lastimero en mi voz.
Se giró lentamente, sin creer que fuera con ella. Aproveché el instante en el que sus ojos se fijaban en los mios para decir:
- ¿Ni siquiera merezco un fugaz saludo y un par de besos, LAURA?
Su nombre en mis labios surtió el efecto deseado.
- Perdona, pero… ¿te conozco?- Balbuceó aturdida.
- No me lo puedo creer Laura. Mira, no te preocupes, no hace falta que salgas de esta fingiendo no conocerme. Dejalo.- Mi expresión compunjida y mi determinación siguieron pintando una expresión de no entender nada en su cara (linda cara, por otra parte).
- Oye, perdona, de verdad, es que no me acuerdo… ¿Eres… Manu?- ¡Bingo!
- ¿Manu? Ja, ja, ja. Laura, en serio, yo se que no fue para tanto, y que habia mucha gente, pero nunca hubiera imaginado que no me recordarias. Yo te hubiera recordado aunque hubiaran pasado años en vez de meses.- Intenté que se relajara adoptando un tono mas liviano. Lo conseguí.
- Lo siento. Es que… ¿De la fiesta del master?
- Laura, me vas a hacer llorar.- dije, exagerando mi dolor hasta acerla reir- Mira no sigas haciendo memoria. Mejor nos volvemos a conocer, a ver si soy capaz de dejar una huella mas profunda en ti.

Conseguí compartir taxi con ella, que aun aturdida no supo decirme que no. En el taxi ella dio una dirección en el centro y yo dije que me pillaba muy cerca. Era la hora de cenar y me las ingenié para invitarla.