Al abrirse la puerta ocurrieron dos cosas simultáneamente. Yo fui testigo de hasta que punto era ella la candidata ideal. Vestida con traje sastre oscuro de falda recta y ceñida. Zapatos planos de niña buena y eficiente, medias y un liguero evidentísimo dado lo ajustado de la falda. Camisa blanca abotonada en defecto para permitir un escote precioso. Pelo recogido en cola de caballo con uno de esos pasadores largos. Pero, sobre todo, unos ojos grandes y abiertos detrás de unas gafas de pasta negras que enmarcaban un rostro precioso.
Al mismo tiempo que yo veía esto desde el despacho interior, agazapado aún de su vista, ella se encontraba en la puerta con otra persona distinta de mí y sus ojos se abrían aun mas, entre asustados de haber equivocado la oficina y sorprendidos por no encontrar a la persona que esperaba.
“Buenos días. Horacio le espera en unos minutos en su oficina. Soy Alejandro y asesoro a la empresa en este proceso de selección en calidad de Consultor de RRHH. Les acompañaré por tanto durante parte de la entrevista.”
Durante unos largos segundos ella procesó la información que acababa de recibir. Sabía a lo que venia. Todo habia sido pactado de antemano; o al menos eso pensaba. Pero no lograba entender este nuevo aspecto del juego. Finalmente la confianza en mi supongo que la decidió a entrar. Alejandro la acompañó hasta un pequeño sofá situado justo enfrente de mi oficina, y desde donde yo podía verla sin ser visto.
“¿Le apetece un café, agua? Horacio en seguida nos atenderá.”
Ella logró hacer un gesto negativo con la cabeza y balbucear un gracias mientras observaba su entorno visiblemente intimidada.
Yo observaba a través del vidrio opacado que nos separaba. Sus piernas, su pelo, sus labios, su nunca fingida timidez. Decidí que esperaría unos 15 minutos a pesar de que yo no tenia absolutamente nada que hacer salvo mirarla.
El teléfono de Alejandro sonó para romper un silencio incomodo y frío. “Trae a mi perita” fue todo cuanto tuve que decirle para que se levantara y acercándose a ella le indicara que pasara a mi despacho. Se acercó a la puerta y llamó. El adelante que sonó desde dentro era contundente. Empezaba la acción.

Al pasar se encontró en un despacho grande y acristalado al exterior. Yo de pié miraba hacia la calle y le daba la espalda. “Siéntese por favor”. La silla en la que debía hacerlo estaba ligeramente separada de la mesa. Eso y su tamaño le conferían un aspecto de desprotección a cualquier persona que la ocupara. Cuando se sentó me giré y sentándome en mi gran butaca de piel, ojeé el supuesto curriculum sin aún dirigir mi mirada hacia ella.
“Sta. Tais. Permítame antes que nada pedirle, una vez mas, que confirme que ha entendido perfectamente los requerimientos algo “especiales” de esta oferta de trabajo.”
“Creo que los conozco bien Sr.”
“No es muy alentador que lo crea.”
“Bueno quiero decir que estoy segura de haberlos entendido.”
“Por favor dígame que es exactamente lo que ha entendido”. Esto último lo dije ya mirándola directa y violentamente a los ojos.
“Ud. Necesita una asistente que pueda cubrir tanto sus necesidades organizativas como sus necesidades personales”.
“Aha.” Dije esperando que completara esa explicación.
“Por lo tanto la persona seleccionada debe, no solo responder a unos requisitos profesionales sino que debe tener una disponibilidad total para satisfacer cualquier necesidad personal.”
“Disponibilidad total y satisfacción personal. Si, veo que lo ha entendido perfectamente. No obstante esta entrevista terminará de convencerme acerca de su adecuación o no a estos requisitos. Me gustaría que me resumiera en unos minutos su experiencia. Pero primero, por favor, quítese la chaqueta.”

Aquí Tais.
ResponderEliminarSe me hace larga la espera.. y, si me lo permite, no finjo estar segura de creer los requisitos, Sr. Horacio; lo estoy.
Para cuando Ud. desee, estaré más que dispuesta, a cumplir mi cometido.
Espero sus notícias.
Atenta y MUY afectuosamente,
Tais.
Es un tanto desconcertante que comentes con mi cuenta. Te hare una para ti.
ResponderEliminarDispuesta? Cuando yo desee?
Sera pronto entonces.
Aquí Tais de nuevo.
ResponderEliminarSé que desconcierta.. por eso no comenté antes. Esta vez ya no pude resistirme..
Tais.